Hay algo especial que ocurre cuando los libros abandonan las paredes silenciosas de una biblioteca y se encuentran con el cielo abierto. Como si las historias, de repente, respiraran de otra manera.
Este trabajo de lectura al aire libre nace precisamente de esa idea: llevar las palabras más allá de su espacio habitual y dejar que dialoguen con la naturaleza.
No hay techos, ni fluorescentes, ni mesas alineadas. En su lugar, hay sombra de árboles, luz cambiante y el sonido suave del viento.
Los lectores se acomodan donde pueden: Y en ese gesto sencillo, ya ocurre algo distinto. La lectura deja de ser una obligación o una rutina para convertirse en una experiencia.


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