Castuera: los ojos de una niña descubriendo historia y belleza
Hay lugares que se visitan… y otros que se sienten desde dentro. Castuera es uno de esos rincones que no necesitan artificios para enamorar. Basta con mirarlo a través de los ojos adecuados. Y esta vez, esos ojos son los de una niña. Para ella, Castuera no es solo un pueblo. Es donde se crió su madre. Es donde reside su abuela. Y es un escenario lleno de curiosidades, de calles que invitan a correr, de plazas donde todo parece tener una historia que contar. Camina despacio, aunque quiera ir rápido. Se detiene en detalles que los adultos muchas veces pasamos por alto: una puerta antigua, una fachada con el paso del tiempo, el sonido de las campanas que rompen el silencio. Todo le sorprende. Todo le parece importante. La historia que se respira Castuera no necesita presentaciones grandilocuentes. Su historia está en sus piedras, en sus rincones, en la forma en que el tiempo ha dejado su huella. Construye en su mente escenas que mezclan realidad y fantasía. Para ella, la historia no es algo lejano: está viva. Y así, sin darse cuenta, aprende. No hacen falta grandes monumentos para emocionar. Castuera tiene una belleza tranquila, de esas que no buscan impresionar, sino quedarse. Ella lo entiende a su manera. Castuera, para esta niña, no se trata sólo del lugar. Se trata de sus raíces.En un rinconcito de Huelva llamado Bellavista aguarda oculto este blog que pertenece ahora a una clase de Educación Infantil de 5 años singular, llena de ilusión, fantasía y unos peques con habilidades de todo tipo: ellos y ellas son irrepetibles, únicos y diferentes. Y así, entre risas, bromas, alegría, humor y mucho amor... cada día disfrutamos investigando y jugando para aprender a aprender, desarrollando nuestras competencias y capacidades. ¿Queréis ver lo que sucede en ella?
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